Una nueva terraza junto a un lago para disfrutar sin prisa

Ubicado en LaFinca, en Pozuelo de Alarcón, Ó Terraza Music Bar se ha convertido en uno de los espacios más apetecibles para disfrutar del buen tiempo en Madrid. Este nuevo proyecto del grupo Barbillón combina gastronomía, música y un entorno poco habitual en la ciudad: una amplia terraza a orillas de un lago artificial que crea una sensación real de desconexión desde el primer momento.
Con más de 500 metros cuadrados, el espacio —abierto durante todo el año— está pensado para adaptarse a cualquier plan. Puedes empezar con un brunch tranquilo, seguir con una comida en familia, alargar la sobremesa sin mirar el reloj y acabar en un tardeo que se transforma poco a poco en plan de noche. Aquí no hay cortes ni cambios bruscos: todo fluye de forma natural, acompañando el ritmo de quien lo visita.
La terraza, claramente inspirada en la estética mediterránea, combina maderas claras, fibras naturales y una iluminación cálida que va evolucionando a lo largo del día. El agua del lago, la vegetación y la ausencia de edificios alrededor refuerzan esa sensación de estar fuera de Madrid, como en una pequeña escapada sin salir de la ciudad. A medida que cae la tarde, el ambiente cambia, y los viernes y sábados, a partir de las 18:30h, la música en directo toma protagonismo con pequeños conciertos que acompañan el paso del tardeo a la noche.

La propuesta gastronómica sigue esa misma filosofía: producto de calidad, recetas reconocibles y una carta pensada para compartir y disfrutar sin complicaciones. Empezamos con un bocado de tartar de gamba blanca de Huelva sobre patata crujiente con ensaladilla, muy equilibrado, donde nos sorprendió especialmente el contraste entre la suavidad del marisco y el crujiente de la base.
Seguimos con el carpaccio de lomo bajo con huevo de codorniz y gilda, uno de los platos más originales. Nos explicaron que la forma ideal de comerlo era enrollando el carpaccio alrededor de la gilda, incorporando el huevo en el bocado. Nunca habíamos probado una gilda así, y la combinación nos pareció sorprendente.
El saam de rejos con tartar de atún y mayonesa picante de harissa fue otro de los aciertos. Servido sobre una base vegetal, resultaba fresco pero con carácter, y ese punto ligeramente picante de la salsa elevaba el conjunto sin resultar excesivo.
También probamos la tarta árabe salada en pasta phyllo con queso de cabra y miel, ligera, crujiente y muy equilibrada. De hecho, al principio su aspecto nos hizo pensar que se trataba de un postre, pero en boca funciona perfectamente como plato salado gracias a ese contraste dulce-salado tan bien integrado.
Entre los principales, el falso risotto de bogavante destacó por su textura melosa y su sabor intenso a marisco, acompañado de sepia y gambón, un plato más contundente pero muy bien resuelto. El arroz estaba hecho de pasta italiana buenísima.
Para terminar, el Ó Flurry, un helado con crema de pistacho, chocolate rallado y peta zetas, puso un final divertido y diferente. No nos esperábamos para nada ese toque de peta zetas.
La carta de vinos y la coctelería acompañan bien la experiencia, con opciones accesibles, referencias conocidas y cócteles que funcionan tanto de día como al caer la tarde.






