Frankie Burgers

 noviembre 22, 2021      por Sergio Vicente

La irreductible hamburguesería

Para imaginarte Frankie Burgers, imagina la siguiente escena. Una casa blanca, grande, de dos pisos. Se abre plano. Es un barrio lleno de casas iguales, estupendas, con su césped frente a la puerta principal. Hay vecinos sacando la basura, paseando al perro, haciendo footing. Todos visten camisa, o polo, o un jersey, o una ropa absurdamente cara para hacer ejercicio. Sin embargo, en un lateral, hay un césped mal cortado, con dos o tres latas vacías. Suena alta la música. Hay un tipo con la barba como su césped, repantingado en una tumbona. Se le ve feliz. Este señor es el Frankie Burgers en la calle Ponzano. Ajeno, extraño, único. El vecino que no encaja, pero en el que se centran todas las miradas.

Frankie Burgers

«Dios bendiga el bacon» – Homer Simpson, capítulo 17, temporada 5.

Hay que aceptar una cosa. El local es algo típico: paredes de ladrillo visto, frases escritas en las paredes, barriles de cerveza a la vista, mucha madera lustrosa. Es la decoración que esperas en una hamburguesería de las que proliferan por Malasaña. Con la distinción de que Frankie Burgers está en Ponzano. No solo en la zona, en la misma calle que bautiza a todo el barrio. Le perdonamos la estética, porque su dueño no es un barbudo con gafas de pasta y pelo degradado que te cobra 6 euros por una cerveza que ha destilado en la ducha de su casa. El dueño ha viajado en busca de la hamburguesa perfecta, a lo largo y ancho del mundo. Y de Estados Unidos se ha traído al primo Frankie. Cruzamos con él unas palabras y, al instante, te das cuenta de que sabe de lo que habla. Y lo que dice, lo hace.

Frankie Burgers

No es excesivamente original, pero sí acogedor.

Y hay que aceptar otra cosa. Este nuevo vecino, que lleva abierto poco más de un mes, que es una canción de Extremoduro en una playlist de Taburete, ha llegado para quedarse. Pronto se va a convertir en la opción para cenar de muchos grupos de amigos que han sacado la única camisa que tenían planchada y han ido al lugar de moda, porque se lo han oído a su hermano mayor. Y, personalmente, me alegraré por ellos, porque irán por motivos económicos y saldrán felices por otros, gastronómicos.

Frankie Burgers

Tócala otra vez, Frankie.

No es fácil destacar en el mundo de la hamburguesa: la creatividad se limita en su propio concepto. En Frankie Burgers la tienen clarísima. Su jugador estrella es la Super Frankie Cheese y lleva carne, mucha carne, cuarto de kilo de carne, queso, mejor, doble de queso, bacon, mejor, doble de bacon y una salsa Frankie que es donde el chef esconde su secreto y su firma. De la A a la B en línea recta. A partir de ahí, de esa melodía principal, entran las variaciones con salsa barbacoa, con queso de cabra y cebolla caramelizada, con pollo en lugar de carne, añadiendo lechuga y tomate… y, especialmente, con un acento mexicano en la Chilibun (con chili casero y salsa chipotle) o en la Guaka (con guacamole casero). Ninguna de estas delicias llega a los 14 euros. Gracias, amigos, por ser los irreductibles que aún piensan en el consumidor.

Frankie Burgers

Estos no los probamos… y ahora tengo ganas de volver.

La que nosotros probamos fue la de la casa. El queso, rico, el bacon, grasiento en el buen y delicioso sentido, el pan, digno acompañante. De la salsa no puedo decir mucho, tienes que probarla. Pero, ¿de la carne? Santísimo patrón de los carnívoros, ¡qué carne! La podría comer mi tío Alfredo, que no tiene dientes. Qué manera de deshacerse y expandir su sabor de las comisuras a la última muela. Tan suave que me entra hambre al recordarlo (y ojalá fuera solo una broma de redactor).

Frankie Burgers

No pongo foto de los nachos porque no quiero multas por deliciosidad.

Ahora voy a hacer una cosa que va contra el libro de estilo de cualquier revista o periódico. Voy a desmerecer un producto para que, cuando hable de otro, la credulidad del lector siga de mi lado. Porque las alitas de barbacoa que probamos estuvieron bien, sin alharacas. Sabían como tenían que saber, la salsa era rica, melosa y tal, bien, bien de veras, pero las puedes encontrar parecidas en otro lugar. Ahora bien, los nachos. LOS NACHOS. En mayúsculas, para seguir rompiendo el libro de estilo. ¿Cuántos restaurantes mexicanos de Madrid quisieran poder ofrecer unos nachos la mitad de buenos que los del Frankie Burgers? Qué espectáculo, señoras y señores, con toda la escolta que deben llevar: chili con carne, queso cheddar, crema agria, guacamole y pico de gallo. Y en la carta se especifica que son totopos, porque el jefe de todo este tinglado se ha ido a México, ha robado su sabor y te lo pone en la mesa a ti, si vas a la calle Ponzano y prefieres cenar rico y barato a tener buenas fotos para Instagram.

Frankie Burgers

Simple y llanamente: tarta de queso.

Ah, y de postre, tarta de queso. Pum. Sin inventar. Queso cremoso y galletita crujiente abajo. Impresionante. Me he saltado muchas reglas en este artículo, pero si no te he convencido a ir y comerte al menos unos nachos del Frankie Burgers, yo ya no sé por qué me dedico a esto.

Datos de interés:

Qué: Restaurante Frankie Burgers

Dónde: Calle Ponzano, 46

Cuándo: de miércoles a domingo 13:00-16:30 / 20:00-01:00 | lunes cerrado | martes 20:00-23:30

Cuánto: 20€ aproximadamente

Contacto: 91 392 82 33

Más información: en su web

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