Una experiencia sensorial en las alturas de Madrid

En el universo todo se compone de cuatro elementos: tierra, fuego, agua y aire. Pero en pleno centro de Madrid, hay un lugar que invita a descubrir un quinto elemento, ese que algunos llaman energía, otros alma y muchos, simplemente, felicidad.
Ubicado en la séptima planta de un emblemático edificio en la calle Atocha (el de la discoteca Kapital), Quintoelemento no es solo un restaurante, sino una experiencia inmersiva donde gastronomía, diseño y espectáculo se funden en un mismo concepto.
El espacio, dividido en dos alturas, ya anticipa lo que está por venir. En la planta superior, una azotea futurista con bóveda retráctil permite disfrutar de las vistas de la ciudad mientras el techo se transforma en un lienzo vivo: proyecciones de obras de arte y visuales en movimiento envuelven la escena, creando una atmósfera cambiante y casi hipnótica. En la planta inferior, el ambiente se vuelve más íntimo, con una cuidada selección de materiales nobles y una bodega que alberga más de 300 referencias, pensada para quienes buscan una experiencia más pausada.
Y no solo eso, también hay espectáculos en directo todas las noches de miércoles a domingo con bailarinas y cantante.
Al frente de la propuesta gastronómica se encuentra el chef Juan Suárez de Lezo, cuya cocina refleja una visión cosmopolita, abierta y viajera. Su carta combina una sólida base mediterránea con influencias asiáticas y latinoamericanas, siempre partiendo de un producto de calidad y de proximidad.
Uno de los grandes protagonistas del espacio es su sushi bar, donde se puede observar en directo la elaboración de cada pieza. Esta conexión entre cocina y comensal se repite también en la barra de coctelería, reforzando la sensación de estar ante un espectáculo en constante movimiento.
Comenzamos la experiencia con platos que ya anticipaban el nivel creativo de la propuesta. Un cono crujiente de manchego con tartar de pez limón, huevas de trucha y helado cremoso de miso ibérico y la gilda Quintoelemento, reinterpretada en clave deconstruida (y con un tomate cherry), que aportaba un toque muy diferente. Además, el recorrido continuó con elaboraciones como el usuzukuri de atún, con un ligero sabor a trufa.
Uno de los momentos más impactantes llegó con el moriawase de cuatro piezas: una selección que incluía nigiri de atún toro, gunkan de quisquilla, wagyu A5 premium y anguila braseada con caviar, presentada con humo, elevando la experiencia a un plano casi teatral.
Como plato principal pedimos el lomo bajo con verduritas y fondo de jengibre, donde la intensidad de la salsa se convierte en protagonista. También probamos el brioche de ají de gallina con bogavante y palomitas de bacalao, que no se quedó atrás. Nos sorprendió mucho la mezcla pero estaba exquisito.
Para cerrar, pedimos el milhojas de oblea con cremoso de limón, fresas y helado de maracuyá. No os podéis ni imaginar cómo estaban esas obleas…

Acompañamos la comida con una carta de vinos que pasaba por todos los lugares del mundo. Desde grandes clásicos hasta referencias menos convencionales. A esto se sumó una coctelería de autor pensada no solo para acompañar, sino también para formar parte activa del recorrido gastronómico. Nosotros probamos un coctel amontillado con lima y almendras y un poquito de vermú.
Como broche final, la velada se cerró con un sake japonés, el Takara, que aporta un toque diferente y refuerza esa identidad global y viajera del concepto.
En Quintoelemento, todo está diseñado para estimular los sentidos: la luz, el sonido, los sabores y el propio espacio. No se trata solo de cenar, sino de dejarse llevar por una experiencia que va mucho más allá del plato y que convierte cada visita en algo difícil de olvidar.
Datos de interés
Qué: Quintoelemento
Dónde: Calle de Atocha, 125, Madrid
Cómo llegar: metro Estación del Arte, Atocha, Antón Martín.
Horario: de lunes a domingo de 13:00 a 2:00
Con espectáculos de miércoles a domingo por la noche.
Precio medio: 100 € por persona






