Almara: Tradición bien entendida con un giro contemporáneo en el N°62 de la Castellana
En el número 62 del Paseo de la Castellana, en pleno barrio de Salamanca, se encuentra Almara, la nueva propuesta del Grupo La Fábrica. Un espacio que apuesta por una cocina mediterránea donde el producto manda, pero con una ejecución moderna que lo eleva sin perder su esencia.

Fuimos a descubrirlo, a probarlo y a vivir la experiencia completa.
Empezamos con una Gilda que, sin exagerar, es increíble. La salsa tiene una potencia deliciosa pero balanceada que no le quita el protagonismo al producto principal del plato. En cada bocado se siente la calidad del producto, haciendo de esta una gilda intensa, equilibrada y perfectamente ejecutada. Un clásico que aquí no reinventan por reinventar, sino que perfeccionan.

La mejor demostración de cómo elevar un producto aparentemente “simple”. Los cogollos estaban perfectamente tratados y la salsa que los acompañaba tenía un sabor espectacular. El queso aportaba el toque justo de profundidad y equilibrio. Fresco, sabroso y con carácter.
Un plato que demuestra que la técnica y el mimo pueden transformar algo sencillo en algo memorable.

Canelón de Txangurro. Cremoso, tierno y absolutamente complejo. Empieza con un punch potente a marisco, intenso y profundo, pero después aparece un sutil toque dulce del vermut que lo lleva a otro nivel. La textura y concentración de sabor es impecable, evidenciando el trabajo de baja y lenta cocción y el tiempo invertido en este plato.
A pesar de esa complejidad, el producto nunca se pierde; el sabor del txangurro sigue brillando en cada bocado. Definitivamente este es un plato donde se respeta el ingrediente principal, pero lo magnifica. Sin duda, de esos bocados que justifican la visita.

También muy destacables. Utilizan la propia tinta del chipirón para potenciar el sabor del plato, algo que siempre suma profundidad.Estaban asados a la perfección, tiernos y jugosos, con un equilibrio de sabores muy bien logrado.
El toque dulce de la cebolla caramelizada complementa la intensidad de la tinta y crea un balance redondo. Un plato elegante y muy bien ejecutado.

Piña especiada con crema de vainilla, cacahuete y sorbete de coco. Simplemente insuperable.
Un postre con un balance total de sabores: dulce, cítrico, fresco y con contrastes de textura que hacen que cada bocado sea diferente. La piña mantiene el protagonismo absoluto, pero se potencia con una crema de vainilla que estaba espectacular. El sorbete de coco aporta ligereza y frescura, ayudando a que el conjunto no resulte pesado.
Los toques crujientes añaden contraste y evitan que el postre canse. De esos que puedes terminar sin esfuerzo, disfrutar de principio a fin, incluso si no eres especialmente un aficionado de los postres. Uno de los mejores cierres que puedes probar en Madrid.

Acompañamos la experiencia con una copa de Duo des Mers, sugerida por el equipo. Un blanco que encajó perfectamente con los platos de mar, aportando frescura y realzando sabores sin eclipsarlos. Un acierto total.
El servicio fue sobresaliente. Ágil, atento y con criterio. Se nota el sello del grupo: impecables en la atención, pero con una energía más actual y relajada.
La ubicación es insuperable y el espacio acompaña. La atmósfera y la decoración del lugar reflejan elegancia y modernidad con ese punto exclusivo que invita a quedarse, a disfrutar sin prisas de la comida y del momento.
En general, es una experiencia altamente recomendable. Mantienen ese estándar de servicio que caracteriza al Grupo La Fábrica, pero incorporan un componente moderno que se agradece. La cocina respeta el producto, lo eleva y lo transforma sin disfrazarlo. Trabajan con ingredientes reconocibles, incluso sencillos, pero los convierten en platos increíbles gracias a la técnica y al equilibrio.
Una experiencia mediterránea excepcional, moderna, fresca y con personalidad propia.
