La Parrilla de Arganda

 junio 29, 2021      por Sergio Vicente

La honestidad por bandera

En la Parrilla de Arganda, todo sabe a lo que debe. Es un concepto sencillo a priori, pero muy difícil de llevar a cabo, aunque cuentan con una ventaja importante en cocina: el producto tiene una calidad excepcional. Si buscáis un restaurante honesto, directo, sin alharacas en la decoración, a cambio de un sabor puro, y asequible para más o menos todos los bolsillos, pasead una tarde por Arganda (o llegáis en bicicleta) y terminad en la Parrilla. Si da la casualidad de que sois foráneos y os alojáis en el Sercotel AB de Arganda, no os perdonaría que no visitéis este restaurante, tan contiguo al hotel que comparten patio.

La Parrilla

Arte mayor.

Lo primero que sorprenderá al comensal en la Parrilla de Arganda es, sin lugar a dudas, la amplitud. Con capacidad para más de 300 personas, uno puede perderse por el laberíntico espacio, muy bien distribuido, tanto para grandes eventos como para íntimas cenas de empresa o de amigos. Las salas privadas aparentan ser las habitaciones de una casa, a las que se accede por un pasillo, lo que da una sensación hogareña al entorno. La decoración, acorde con el estilo gastronómico, no experimenta grandes riesgos, sino que parte del minimalismo hacia un gran impacto visual. Con muy pocos elementos (cristaleras de naturaleza, fotos en blanco y negro de Arganda, un musgo aquí y allá o unas ventanas pueblerinas de madera original), aporta un efecto muy conseguido y produce una paradoja, porque el lugar es recogido y diáfano a un tiempo. Los detalles aportan un acento, el gallego, que también está presente en los productos: la vaca es gallega y el pescado de Vigo. La denominación de origen no cede al azar, el lechal es más manchego que Don Quijote y las verduras proceden orgullosas de los Huertos Vega del Tajuña, cerca del famoso pueblo de Chinchón.

La Parrilla

Catalanes, os comen el terreno.

“Bueno, genial el sitio y todo, pero ¿y la comida?” se preguntará el lector impaciente. Ahí vamos con la comida. Creo que con las fotos sería suficiente, porque la Parrilla de Arganda da exactamente lo que promete, pero, en fin, intentémoslo. En nuestro caso, probamos varios entrantes, que iniciaron con unas berenjenas asadas a la brasa con un romesco natural. Que me perdonen mis amigos de Un Buen Día en Barcelona, pero este romesco no tenía nada que envidiarles a las salsas que he probado en Cataluña. El toque ahumado en las berenjenas, exquisito. Aligeramos después con una ensalada de ventresca y pimientos, asados estos sobre brasas de encina, las cuales también dejaban el sutil sabor del humo. Las croquetas de jamón y la zamburiña que continuaron sabían, repito, exactamente a lo que debían saber. Es la mejor definición que se me ocurre, lo que quizá me convierta en un pésimo crítico, pero a su vez convierta estos platos en apetecibles.

Por último, el entrante estrella, sorprendentemente, porque no suele ser un alimento acostumbrado a los focos: la coliflor. Tan denostada verdura provocó un terremoto entre los presentes, quienes se preguntaban unos a otros si no era la mejor coliflor que habían comido nunca. Y eso que venía casi desnuda, a la plancha, con un ligero vestido de aceite y sal. Ah, el entrecot de vaca gallega, fue tan simple y delicioso como suena. Díganlo en alto: “entrecot de vaca gallega”. Es un verso eneasílabo. Arte mayor. Las filloas, también gallegas, y las tartas de chocolate y queso que compartimos porque ya íbamos a explotar, significaron el cierre de una noche maravillosa, en el incipiente verano madrileño.

La Parrilla

La inesperada sorpresa de la noche.

La Parrilla de Arganda, abierta desde hace dos meses, es un acierto para todos, desde eventos familiares a comidas de empresa, desde reuniones de negocios a cenas íntimas. Además, el proyecto tiene la ilusión del superviviente, ya que nace después de una pandemia mundial, y pretende simbolizar el resurgir de la hostelería, y de esas costumbres tan españolas de cerrar los tratos con el cliente en la sobremesa, de fichar a Zidane con una servilleta, de acabar abrazado al jefe, al que no soportabas la semana pasada, ambos con las corbatas anudadas en la cabeza. Porque las playas de España estarán muy bien y los montes serán preciosos, pero no hay nada como comer y beber junto a otros que lo disfrutan tanto como tú. Desde esa premisa arranca la Parrilla: ven, come bien, bebe bien, que no te duela el bolsillo, vete feliz y vuelve cuando quieras. Honestidad por bandera.

Datos de interés:

Qué: La Parrilla de Arganda (restaurante junto al hotel Sercotel AB Arganda)

Dónde: Avenida de Madrid, 47, Arganda del Rey

Cómo llegar: Autobús 352 desde Atocha

Cuánto: aprox. 40€ persona

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